International Day for the Elimination of Violence Against Women
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- hace 3 días
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Cada 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer llama al mundo a nombrar lo que tantas de nuestras comunidades ya saben en los huesos: la violencia contra las mujeres no es un accidente, es un sistema.
En Afroresistencia, entendemos este sistema como una trama de violencias estatales, económicas y estructurales que no solo tienen como objetivo a las mujeres como individuos, sino a comunidades negras enteras y a las generaciones por venir. Nuestro marco de investigación está construido precisamente para nombrar, documentar y confrontar esas violencias desde la mirada de las mujeres negras y afrodescendientes en las Américas, especialmente aquellas cuyo trabajo sostiene la vida en los rincones más precarios de nuestras economías.

Durante el último año, Afroresistencia ha llevado a cabo un estudio cualitativo y participativo con mujeres negras en los mercados e industrias pesqueras de Panamá y Colombia. Esta investigación fue liderada en Panamá por Eusebia “Chevy” Solís y en Colombia por Angela Mañunga Arroyo, junto a equipos que caminaron los mercados, escucharon en los ahumaderos y se sentaron en cocinas y espacios comunitarios donde las mujeres han sostenido familias, barrios y territorios enteros.
Lo que encontramos confirma lo que las mujeres negras han dicho por generaciones:
La violencia basada en género no es aislada. Está tejida en la vida cotidiana: en el hogar, en el trabajo, en las escuelas, en los sistemas de salud, en las calles y en las instituciones del Estado que deberían proteger, pero que muchas veces reproducen el daño.
El racismo y el sexismo operan juntos. Las mujeres negras en Panamá y Colombia no solo están más expuestas a la violencia física, sexual, psicológica y económica; también se les niega sistemáticamente la justicia, la protección y el reconocimiento. Ser negra, pobre y mujer significa cargar con un triple estigma que marca cada interacción con el Estado y el mercado.
La economía pesquera es un lugar de explotación y de resistencia a la vez. Desde la recolección y limpieza del pescado hasta su comercialización en mercados informales, las mujeres sostienen toda una cadena de valor que rara vez es reconocida como tal. Su trabajo es mal pagado, desprotegido y, con frecuencia, criminalizado, incluso cuando alimenta ciudades y sostiene la vida comunitaria.

Nuestra investigación documenta cómo la violencia estatal aparece no solo a través de la policía, los tribunales o los sistemas migratorios, sino también a través de la ausencia de políticas públicas, la falta de infraestructura en los mercados, el incumplimiento en la garantía de salud, cuidado infantil o seguridad social, y la persistente invisibilización de las mujeres negras en las estadísticas oficiales. Cuando el Estado se niega a ver a las mujeres negras, ya está ejerciendo violencia.
También mostramos cómo la violencia económica está incrustada en la propia estructura de los mercados e industrias pesqueras. Las mujeres que se levantan antes del amanecer para limpiar, ahumar y vender pescado rara vez son reconocidas como trabajadoras con derechos. Se les excluye del crédito, de la propiedad de embarcaciones y equipos, de los espacios de toma de decisión y de las ganancias que ayudan a generar. Sus ingresos son inestables, a menudo controlados por otras personas y constantemente amenazados por regulaciones y decisiones de mercado tomadas sin ellas.
Esto no se trata solo del presente. Los impactos son generacionales. Cuando una mujer negra no puede acceder a un trabajo digno, a atención en salud o a una vivienda segura, cuando se ve obligada a sostenerse mediante trabajos informales, peligrosos y extenuantes, sus hijas, sus nietas y sus comunidades enteras heredan esa precariedad. El trauma especialmente el trauma racial y de género no termina en una sola vida; se transmite a través de los cuerpos, las memorias y las condiciones en las que crecen las niñas y los niños. La violencia contra las mujeres es también violencia contra el futuro.
Al mismo tiempo, nuestra investigación insiste en otra verdad: las mujeres negras no son solo víctimas de violencia; son protagonistas de la resistencia y del poder colectivo.
En Panamá y Colombia, las mujeres con las que trabajamos han construido redes de ayuda mutua, ollas comunitarias, grupos de ahorro, organizaciones barriales y asociaciones de mujeres trabajadoras del pescado. Defienden sus mercados como espacios de pertenencia y protección; se organizan contra regulaciones injustas; cuidan a las hijas, hijos y personas mayores de otras; transforman la economía a través de prácticas de solidaridad, cuidado y dignidad compartida.

Nuestro marco metodológico en Afroresistencia se ancla en esta realidad. No tratamos a las mujeres como “informantes”, sino como co-creadoras de conocimiento. Nuestro proceso de investigación ha incluido espacios de reflexión colectiva, jornadas de cuidado y sanación, acompañamiento emocional y un componente de fotografía documental que construye una contranarrativa visual frente a los estereotipos y silencios que suelen rodear la vida de las mujeres negras. Entendemos la investigación en sí misma como un acto político: una forma de confrontar el borrado estadístico e institucional de las comunidades negras y de exigir rendición de cuentas a los Estados, los mercados y los actores internacionales.
En este 25 de noviembre, afirmamos:
La violencia contra las mujeres negras es violencia estatal cuando las instituciones niegan protección, justicia y derechos básicos.
Es violencia económica cuando su trabajo sostiene sectores enteros —como las industrias pesqueras de Panamá y Colombia— sin reconocimiento, derechos ni redistribución.
Es violencia estructural cuando el racismo, el sexismo, el clasismo y la transfobia se cruzan para determinar quién vive con dignidad y quién es empujada a sobrevivir en los márgenes.
Y también afirmamos que poner fin a la violencia contra las mujeres exige escuchar y seguir el liderazgo de las mujeres negras, especialmente de aquellas que han sido empujadas a los bordes de la economía formal, pero que siguen estando en el centro de la supervivencia comunitaria.
En las próximas semanas, Afroresistencia publicará un informe detallado sobre nuestra investigación con mujeres negras en los mercados e industrias pesqueras de Panamá y Colombia, liderada por Eusebia “Chevy” Solís y Angela Mañunga Arroyo. Esta publicación profundizará el análisis de las violencias de género, raciales, económicas y territoriales, y también destacará las poderosas estrategias de resistencia, cuidado y organización colectiva que estas mujeres han creado.
Invitamos a movimientos, organizaciones, instituciones y donantes a relacionarse con este trabajo no como una historia de “vulnerabilidad”, sino como un llamado a transformar los sistemas que producen la violencia desde su raíz. Eliminar la violencia contra las mujeres especialmente contra las mujeres negras— implica confrontar los arreglos estatales, económicos y estructurales que se benefician de su explotación y de su borrado. Implica invertir en su liderazgo, honrar sus saberes y construir políticas y prácticas que garanticen no solo protección frente al daño, sino las condiciones para una vida digna, gozosa y libre para las generaciones por venir.



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