La intervención no es democracia: una advertencia desde América Latina
- Mauri Balanta Jaramillo

- hace 4 días
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Por Mauri Balanta Jaramillo
La reciente escalada militar de Estados Unidos en Venezuela, lejos de representar la liberación de un país “sumido” en un régimen autoritarista, es un golpe a la autonomía política del pueblo venezolano y un claro retroceso de la democracia en la región.
Esta operación comandada por el presidente Donald Trump, puede considerarse una movida estratégica para re-instalar el control de corporativos norteamericanos sobre la industria petrolera e hidroeléctrica, tras el proceso de nacionalización iniciado desde mediados de los 70 y que culminó con la desprivatización durante el gobierno del expresidente Hugo Chávez.
El gobierno de Trump no solo está tomando medidas de intervención exterior pasando por alto los conductos legislativos de su propio país y los tratados internacionales, sino que alienta la política guerrerista de gobiernos ultra derechistas, justificada en una lucha más “efectiva” contra el narcotráfico, sin cuestionar la complicidad histórica de los Estados unidos, que además atribuye sin miramientos a gobiernos progresistas que han sentado posiciones radicales de respeto a la soberanía territorial y mayor control político a la política exterior de Estados Unidos.
Carta de las Naciones Unidas (ONU):
Principio de No Intervención: Prohíbe a los Estados intervenir directamente o indirectamente en los asuntos internos o externos de otro Estado, incluyendo el uso de la fuerza o la coacción.
Principio de Soberanía e Integridad Territorial: Cualquier acción militar extranjera sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU o en defensa propia viola directamente la soberanía territorial de Venezuela.
Prohibición del Uso de la Fuerza: Salvo en legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad, el uso de la fuerza está prohibido por el Artículo 2(4) de la Carta.
Las anteriores intervenciones militares y la instalación de bases estadounidenses en América Latina no son hechos aislados, sino parte de una estrategia histórica de control regional sostenida por élites locales. Desde la ocupación y control de Panamá entre 1903 y 1979, y la invasión de 1989; el golpe de Estado en Guatemala en 1954 y el respaldo militar durante su guerra interna entre 1960 y 1996; la ocupación de la República Dominicana entre 1916 y 1924 y la invasión de 1965; el apoyo a dictaduras y operaciones contrainsurgentes en Bolivia durante las décadas de 1960 y 1970; hasta la militarización permanente de Colombia desde los años cincuenta, profundizada con el Plan Colombia (1999–2016) y la presencia de bases militares hasta hoy, Estados Unidos ha intervenido sistemáticamente para imponer un orden político y económico funcional a sus intereses, aun cuando ello significara violencia masiva, ruptura democrática y devastación social en los pueblos de la región.
Frente a este escenario, nuestra posición ha sido clara y consistente: nos oponemos a toda forma de intervención externa y afirmamos el respeto irrestricto a la soberanía de los pueblos y a su derecho a decidir su propio destino político. En un contexto donde los neonacionalismos y los intereses geopolíticos buscan socavar los procesos democráticos, la organización social y la autodeterminación colectiva, AfroResistance sostiene que la democracia y los derechos humanos no pueden imponerse por la fuerza ni instrumentalizarse como excusa para la injerencia. Nuestra solidaridad está con el pueblo venezolano, con su poder colectivo y con los procesos liderados por la gente, incluyendo comunidades Negras y todes sus integrantes, reafirmando nuestro compromiso con una agenda de derechos humanos construida desde abajo, anclada en la justicia, la participación popular y el respeto a la decisión soberana de cada país.



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